Todos afrontamos dificultades familiares, cada familia es un mundo y los conflictos que se afrontan responden a las realidades subjetivas de cada uno de sus miembros, no existe 2 familias iguales por tal razón, tampoco existen soluciones estándares.
Buscar a un psicólogo cuando se atraviesa conflictos familiares no implica siempre que toda la familia acuda a consulta. A veces, uno de sus miembros, ya no puede seguir cargando con lo que sucede y necesita un espacio donde pueda entender lo que sucede y su relación con lo que pasa.
Las dificultades familiares con conflictos complejos, afectan las relaciones primarias, nuestra historia y la forma en que cada persona aprendió a relacionarse mucho antes de ser consciente de los problemas.
En ocasiones, las personas buscan una solución para el conjunto entero y asistir juntos a terapia. En otros casos, alguno de sus miembros o varios no se reconocen como parte del problema o desconfían del acompañamiento de un tercero. Quedarse atrapado en la espera de que todo el grupo acepte los conflictos familiares que se atraviesan y acepte ayuda puede alargar indefinidamente el conflicto y por ende el malestar.
Cuando alguno de sus miembros decide hacerse cargo del malestar que los conflictos familiares pueden producir y toma la decisión de ir a terapia, se producen cambios en su posición subjetiva, los problemas que experimenta son resignificados y la relación con los conflictos familiares que motivaron la consulta se modifica.
¿Qué dicen los conflictos familiares sobre lo que cada miembro necesita y no sabe o no encuentra formas de pedirlo? ¿Por qué se repiten situaciones a pesar de buscar hacer las cosas de una forma diferente? Estas preguntas, no se responden de una vez y no tienen una única respuesta, cada integrante de una familia que decide separarse del conflicto al hablar de lo que pasa irá construyendo sus propias respuestas y sus rutas para salir.